Mal de muchos, consuelo de todos; según el refranero, no de tontos, como es habitual repetir. Pero si el mal que nos aqueja no es tan extendido y comprendido como esperamos, nos tranquiliza saber que al menos dentro de esta minoría existe un selecto grupo de notables, a veces ilustres afectados, que comparten y padecen con hidalguía nuestra insufrible lista de síntomas.

En nuestro caso, el excéntrico privilegio de padecer un trastorno obsesivo compulsivo ha sido reconocido por actores como Harrison Ford, Jessica Alba, Alec Baldwin y Penélope Cruz. También han reconocido este padecimiento: deportistas como David Beckham, filósofos de la talla de Immanuel Kant, empresarios como el controvertido Donald Trump o científicos, entre los que se encuentran Charles Darwin o el mismísimo Albert Einstein.

Es improbable que sepamos si este listado es lo que parece o, simplemente, es fruto de declaraciones tomadas de la prensa, en las que se confunden términos y frases como “obsesivo”, “compulsivo” o “extremadamente ordenado y pulcro” con la sintomatología de un paciente con TOC. Algunos de los rasgos distintivos de este trastorno se han afianzado en la cultura popular. Tal es así, que el ser OCD (del inglés TOC) o ser obsesivo ya es parte de la jerga de adolescentes y adultos.

Sinceramente, creo que esta lista de famosos con TOC tiene el ulterior motivo de identificarse con el problema y con los personajes y, en última instancia, dar esperanza a los afectados. De Einstein se ha dicho que era un niño con mutismo/que era un niño prodigio, que tenía dislexia/que no hablaba pero que leía muy bien, que era creyente/que era ateo, que tenía un brillante sentido del humor/que era malhumorado… En fin, a lo que voy es que solemos asignarle nuestras características y nuestras taras a nuestro particular panteón de dioses e ídolos populares. Lo hacemos para humanizarlos, a ellos, pero también para endiosarnos, aunque sea un poco, a nosotros, cuando nos hace algo de falta. Inclusive los más exitosos, los más reconocidos tienen taras, como nosotros; y, más importante aún, que nosotros, con nuestras taras podremos soportar los grandes retos y alcanzar, en lo personal, un reconocido éxito.

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